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JMAYORGA

EL MUNDO DEL TRABAJO Y LA DESIGUALDAD DE GENERO

Vivimos en sociedades basadas, pese a todos los avances, en un modelo de creciente desigualdad: entre mujeres y hombres, entre ricos y pobres; y, recorriéndolo todo, entre trabajo y capital, en la era de la globalización neoliberal, con una enorme desproporción en el reparto de la riqueza. En el caso de las mujeres, si bien los Tratados Internacionales, las Constituciones y las Leyes consagran la igualdad, e incluso hay avances normativos contra la discriminación, la realidad de ese modelo desigual se impone tozuda.

La desigualdad en el aspecto laboral entre hombres y mujeres, tiene su traducción inmediata en varios aspectos, voy a citar aquí alguno que puede servir de debate, junto con otros muchos que supongo que irán surgiendo:

Los problemas que las mujeres tienen para integrarse en el mundo del trabajo asalariado son tanto cuantitativos, por cuanto la limitación de posibilidades y oportunidades; como cualitativos, ya que son muchos los sectores laborales a los que las mujeres no pueden acceder. En los que acceden, los contratos precarios son la mayoría para nosotras, los salarios un 30% más bajos que el de los hombres, y el empleo a tiempo parcial también es fundamentalmente femenino.

La conciliación familiar y laboral debería estar destinada a la concienciación de los hombres, ya que son ellos los que no consiguen conciliarse con las responsabilidades que la vida en familiar comporta. Todas las medidas legales que se adopten en este sentido, deben llevar aparejadas otras, como una auténtica coeducación, no sólo al nivel básico de los centros escolares, sino también desde la exigencia en las empresas, públicas y privadas, de una auténtica política de equiparación entre los sexos: en los horarios, en los contratos, en los salarios, en la promoción .

No sólo hay que educar para compartir el empleo, sino todo el trabajo que deviene de mantener el bienestar de las personas que conforman el núcleo familiar (éste conformado tradicionalmente o no); El ocio y el tiempo libre, la capacidad individual de disponer de la propia vida, son elementos que influyen decididamente en la felicidad de las personas, por eso hay que reivindicarlos para todo el mundo y no sólo para una parte.

Y me gustaría acabar estos breves apuntes diciendo que la lucha de las mujeres lejos de ser innecesaria, conseguida la igualdad formal, es imprescindible en el camino de conseguir un mundo realmente justo y solidario.

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