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PEDAGOGIA HOSPITALARIA

Módulo I

De la Pedagogía General a la Pedagogía Hospitalaria  Introducción La sistematización del campo de la Pedagogía Hospitalaria comenzó a desarrollarse en nuestro país a mediados del siglo pasado. Surge a partir de los aportes de la Pedagogía General y la Pedagogía Social y en particular, nace como consecuencia de la imbricación entre dichos aportes y la práctica pedagógica que se da al interior de las instituciones hospitalarias. La Pedagogía Hospitalaria se construye entonces como disciplina nueva desde la reflexión sobre la práctica educativa en un contexto particular con características propias, como lo es el ámbito hospitalario.    Objetivos ·       Reconocer las disciplinas sobre las cuales se sustenta la Pedagogía Hospitalaria.·       Identificar y formular características particulares para esta nueva disciplina.  Palabras claves Educación, Pedagogía, Pedagogía General, Pedagogía Social, Pedagogía Hospitalaria, humanización, cuidado, salud, persona. Desarrollo de contenidos 
  1. De la Pedagogía General y la Pedagogía Social a la Pedagogía Hospitalaria.
1.1             Educación1.2             Pedagogía1.3             Educación y Pedagogía: diferencias y relaciones.1.4             Pedagogía social.
  1. La Pedagogía Hospitalaria.
       2.1     Características de una nueva disciplina       2.2     Etimología de la palabra cuidado. Concepto.
  1. Hacia un nuevo concepto de Pedagogía Hospitalaria: interfase salud- educación.
  1. De la Pedagogía General y la Pedagogía Social a la Pedagogía Hospitalaria. Las escuelas hospitalarias y domiciliarias, tal como las conocemos hoy, han surgido gracias a la evolución de los distintos enfoques que contemplaban al niño como un sujeto de atención. Esta evolución se manifestó en distintos planos: ·        Evolución en el plano social·        Evolución en el criterio de atención hospitalaria. Humanización de la medicina.·        Evolución de los criterios de educación, entre ellos:                                        - Igualdad de posibilidades de inserción escolar.                    - Adecuación a necesidades específicas de cada alumno. - Calidad de participación en la vida activa.    1.1             Educación La educación es un fenómeno inherente a la persona humana; no es un hecho discrecional, sino un acto ineludible al interior de cada una de las culturas o sociedades. Veamos algunas de las elaboraciones que determinados pensadores desarrollaron a partir de este concepto a lo largo del tiempo:  En su diccionario de Pedagogía, Lorenzo Luzuriaga establece que "La educación es una actividad que tiene por fin for­mar, dirigir o desarrollar la vida humana para que ésta llegue a su plenitud". Por otra parte, Emmanuel Kant dice que “únicamente por la educación, el hombre llega a ser hombre", mientras que Luis Reissig afirma que "El hombre no es totalmente hombre por el hecho de nacer, sino por el hecho de vivir y de recrear constantemente su ambiente; el hom­bre no nace, sino que se hace".  Otro de los conceptos aún más antiguos y no menos acertados del término "educación" es el señalado por Platón y citado por Hernández Ruiz, cuando dice que la educación consiste en dar al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son susceptibles. Este concepto asegura de algún modo el ideal de perfección humana que aparece en toda la obra platónica. Si bien es cierto que esta perfección no puede alcanzarse ple­namente en la vida, debe ser igualmente la aspiración de la humanidad el poder alcanzarla, teniendo en cuenta además que existen grados de perfección que pueden alcanzarse cada vez en mayor medida por el hombre en tanto individuo y como especie. Cuando Platón se pregunta en qué consiste esa perfección, señala por lo menos tres funciones principales de la educación:
  • la formación del hombre virtuoso.
  • la formación del ciudadano.
  • la preparación para una profesión.
  En relación a los orígenes etimológicos del término, la palabra educación viene del latín “educare” que significa criar, alimentar, nutrir. Asimismo, proviene también  del concepto de  “educere” que implica conducir, llevar, sacar afuera. De acuerdo a algunas versiones históricas, este término se aplicó primero a la crianza y al pastoreo de los animales, para extenderse luego al ámbito del cuidado y la conducción de los niños. Llama poderosamente la atención el doble significado del término, que indica en primer lugar la acción de nutrir, de alimentar, es decir la acción que se ejerce de afuera hacia adentro; y luego la acción de guiar, llevar, conducir, sacar de adentro hacia fuera, desenvolver, desarrollar. En efecto, la acción educativa es un doble juego de acciones en donde hay primero una función nutritiva, orgánica y espiritual lo suficientemente acentuada como para proceder luego a una acción que estimula, guía y es direccional. La educación es entonces el proceso dialéctico por el cual un sujeto, en interacción con su medio y a partir de sus propias posibilidades, desarrolla las capacidades que le permiten formarse como persona autónoma e integrada activamente a la sociedad y a la cultura en que vive. Asumir una concepción dialéctica involucra abandonar dos posiciones extremas en torno al proceso educativo: ·        La concepción centrífuga. Enfoca al proceso educativo como un desarrollo madurativo que se da únicamente al interior del educando. Se limita así el proceso de formación ya que el desarrollo del educando se convierte de algún modo en una espera pasiva.      l    La concepción centrípetaSupone al educando como una tabula rasa, donde la acción del maestro consiste en imprimir e inculcar conocimientos, hábitos, normas, etc., que el alumno no posee.Pero dado que en el proceso educativo hay una verdadera interacción y transformación mutua entre educador y educando, la concepción dialéctica supera la falsa antinomia planteada por las dos concepciones anteriores.  La educación así entendida implica que: 
  • Es un proceso, lo cual significa que se da en forma dinámica, que se desarrolla siempre.
  • Se sucede mediante una interacción del sujeto y el medio, es decir que el sujeto se transforma por acción del medio, que a su vez es transformado por éste.
  • Requiere que el sujeto participe en procesos de interacción grupal de diferente complejidad a partir de los cuales se genera su identidad.
  • La personalidad que se forme es autónoma, es decir capaz de ejercer su iniciativa, canalizar sus intereses, defender sus convicciones, criticar, verificar y no aceptar ciegamente lo que se ofrece.
  • Procura que el educando se integre a la sociedad y la cultura en que vive en forma activa y participativa, lo cual implica crear y operar proyectos con otros e integrar el propio proyecto de vida dentro del marco cultural comunitario.
  • Con el proceso educativo se posibilita que los saberes parciales que tienen los sujetos sobre determinados aspectos de la realidad objetiva, se integren en sistemas cada vez más complejos. Estos saberes tienden así a conformar un auténtico universo del saber.
 Como producto de este proceso, las comunidades van logrando la progresiva socialización de sus miembros y la integración de los saberes. Así las sociedades producen, conservan, transmiten, y transforman su identidad histórica.  1.2 Pedagogía La Pedagogía es el estudio intencionado, sistemático y científico de la educación; lacónicamente se define como la ciencia de la educación, es decir, la disciplina que tiene por objeto el planteo, estudio y solución del problema educativo. Puede definirse también como el conjunto de normas, principios y leyes que regulan el fenómeno educativo.  El origen del término "pedagogía" se remonta a la antigüedad griega, aunque la edu­cación como ciencia es de desarrollo mucho más reciente. Como ocurre con todas las disciplinas científicas, primero aparece el fenómeno y luego se especula y se teoriza sobre él. En este sentido, fue necesario que primero se concretizara la acción educativa en tanto práctica social, para que tiempo después naciera la pedagogía en su intento por recopilar datos sobre este fenómeno, y así poder clasifi­carlos, estudiarlos, sistematizarlos y deducir de ellos una serie de prin­cipios normativos. La palabra "pedagogía" deriva del griego paidos que significa “niño”, y de agein que implica guiar, conducir. Pedagogo es “el que instruye a los niños”, aunque también quiere decir pedante, erudito, pesado. El término refería además “al que anda siempre con otros, lo lleva donde quiere y le indica lo que ha de hacer”. En Grecia y Roma se aplicó esta denominación ini­cialmente a la persona que llevaba a pacer a los animales, después al esclavo que sacaba a pasear a los niños al campo, y por extensión, al que los educaba. En un principio se refirió a la educación de los niños pero hoy se aplica también al desarrollo de los adultos.      1.3 Educación y Pedagogía: diferencias y relaciones.  Existe una marcada diferencia entre los términos educación y pedago­gía. El primero  se refiere a la acción de educar y el segundo a la disciplina que se ocupa del estudio de dicha práctica, con lo cual es válido afirmar que el objeto de la pedagogía es la educación. Aún cuando el fenómeno educativo es anterior a la pedago­gía, ésta le sirve como guía y le imprime carácter científico cuando sigue sus normas y cumple con sus principios metodológicos. La educación es una actividad práctica y la pedagogía es una actividad teórica. Así pues, sin la existencia de la educación no habría pedagogía posible, pero sin la pedagogía aquella no tendría significación científica.  Las primeras reflexiones sobre el hecho educativo se encuentran ya en la Biblia y se van acentuando gradualmente a lo largo de la historia.      Durante la Antigüedad, algunos pensadores griegos y romanos concibieron determinadas teorías educativas que podrían considerarse sistemas pedagógicos.  Tanto Sócrates como así también algunos filósofos preso­cráticos conjuraron ciertas meditaciones relacionadas con el problema de la educación. Los escritos de Platón, Aristóteles, Quintiliano y Séneca, para no citar muchos, son obras filosóficas de profundo sentido pedagógico. La palabra y obra de Jesús (que no por casualidad es llamado el Divino Maestro) así como los trabajos de San Jerónimo, San Agustín y Santo Tomás, tienden a estructurar un sistema educativo. Pero quizás el comienzo de la educación como disciplina científica, en el sentido entendido hoy, lo podemos situar en Comenio, exponente de la enseñanza objetiva, y en Herbart, autor de la pedagogía de la instrucción. En determinado momento de la historia de la humanidad, el contenido cultural acumulado que debía transmitirse a las futuras generaciones, pasó a ser muy amplio, vasto y complejo. Ante esta situación, la simple imitación ya no era suficiente como estrategia de aprendizaje para incorporar tal cantidad de información. Asimismo, el crecimiento del acervo cultural fue acompañado por una toma de conciencia por parte de las generaciones adultas, de la importancia y la necesidad de conservar, depurar y transmitir este contenido. Fue así como surgió  la educación intencional. La recopila­ción, depuración y transmisión de los conocimientos culturales  se encargó primero a los padres de familia, luego a los sacerdotes y en seguida a los maestros.  La expansión del contenido cultural, la división del trabajo, la com­plejidad de la vida y la especialización del trabajador, provocaron que las familias ya no pudieran ocuparse de la educación de sus hijos. Así fue como se advirtió que era necesario desplazar la responsabilidad educativa a personal especializado. Primero se encargó el sacerdote de la orientación espiritual y cultural de los jóvenes, pero exigencias posteriores obli­garon el surgimiento de los maestros como responsables de este proceso. Finalmente, no sólo se encomienda la tarea educativa a personas especializadas, sino que éstas se capacitan como profesionales en instituciones encargadas de dicha formación. A esta altura estamos ya frente a un hecho esencialmente pe­dagógico, es decir, frente a una educación que no es sólo intencional, sino también científica y sistemática. Teniendo en cuenta la evolución de la ciencia de la educación, podemos delimitar claramente tres etapas sucesivas:      1.  La Pedagogía como hecho real de carácter natural, social y humano.
  1. La Pedagogía como reflexión filosófica.
  2. La Pedagogía como actividad tecnológica.
  La preponderancia de una de estas tres etapas en una determinada época histórica, no indica necesariamente su existencia con exclusión de las demás. Todo lo contrario, puede darse simultáneamente la permanencia de un hecho educa­tivo, una meditación filosófica respecto de éste, y una serie de principios y recursos técnicos como guía para la reali­zación del mismo. De hecho, estas tres etapas se convierten actual­mente en tres campos diferenciados de la pedagogía: el arte educativo, la filosofía educativa y la didáctica o metodología de la educación.   1.4 Pedagogía social Rodríguez Fernández [1](1998) señala que a la educación social se la puede caracterizar de la siguiente manera:  a) Supone una intervención desde el ámbito socioeducativo: esto implica básicamente que las acciones se ponen en marcha desde un punto de vista educativo, para ejercer sus influencias en la dimensión social de las personas.  b) Pretende corregir la concepción clásica de institucionalización: en virtud de ello, la educación tiene alcance en cualquiera de los entornos donde los individuos se desenvuelven y no sólo en las instituciones que tradicionalmente han estado vinculadas a la formación.  c) Media en la socialización de los individuos: la educación  está llamada a intervenir en el desarrollo de las personas, procurando una maduración social adecuada de las mismas.  d) Propone acciones ajenas a lo subsidiario y asistencial: es ésta una de las características más específicas de la educación social. Trata de acompañar a las personas, con el objetivo de posibilitar la toma de  conciencia de la realidad en la que viven, de sus necesidades e intereses, lo cual les llevaría a emprender acciones que mejoren su calidad de vida en diferentes circunstancias.              Desde la perspectiva de la diferenciación pedagógica (o si se quiere de la tradicionalmente llamada pedagogía diferencial)  cabe conceptuar epistemológicamente a la Pedagogía Hospitalaria como una nueva especialidad de la pedagogía social.  Pedagogía, en tanto saber perteneciente a las áreas de conocimiento cuyo común objeto de estudio es la educación.  Y pedagogía social en tanto que se ocupa de atender - “desde instancias educativas” (Quintana, 1984)- necesidades y “problemas humano-sociales” (Ibíd), originados en el ámbito de los hospitales.  La pedagogía en el ámbito hospitalario tomará en cuenta todos los factores inherentes al niño enfermo dentro de este contexto particular:
  • lo referido al niño, al contexto y a los diferentes profesionales que intervienen;
  • la patología, pronóstico y tratamiento;
  • su lugar de origen, el grupo familiar, su historia pedagógica, lengua materna, dialecto, regionalismo;
  • su cultura, sus hábitos, su proceso de hospitalización, la interrelación con otros profesionales, el desarraigo, etc.
 A partir de la intervención del pedagogo hospitalario, esta disciplina cobra vitalidad y significación en el encuentro educativo entre maestro hospitalario-paciente alumno, habilitando un espacio de posibilidades, de creatividad, a través de un ínter juego permanente y personalizado que sostiene el deseo de aprender acompañando las distintas fases de la enfermedad, como así también en las diferentes etapas del tratamiento a los que se ven sometidos los chicos.  2. La Pedagogía Hospitalaria Si bien el sujeto que aprende es un sujeto social, el niño enfermo se ve deprivado del aspecto social por sus propias condiciones, transformándose en un sujeto pasivo, receptor de las decisiones médicas y muchas veces aislado. Por ello la escuela lo rescata de esa situación en el mismo contexto que la provoca. El proceso de socialización es el medio por el cual el individuo se hace miembro de una sociedad determinada y por el que adquiere determinada personalidad. El poderoso influjo social deja margen a la reflexión y decisión personales. La relación entre personalidad y pertenencia a una sociedad es un hecho comprobado. “Desde la perspectiva epistemológica la Pedagogía Hospitalaria puede conceptuarse esencialmente como dependiente de la Pedagogía General (en tanto que debe regirse por las normas o principios generales de todo proceso educativo) y como  Pedagogía especial  (en tanto que requiere la normativa propia de todas las especialidades pedagógicas, entre las que figuran como más directamente vinculadas con ella la didáctica general y especial, la orientación  - educativa y terapéutica, o psicopedagógica - y la organización educativa)”.Polaino Lorente. Pedagogía Hospitalaria, Ed. Narcea 1990. 2.1 Características de una nueva disciplina Una de las características de esta pedagogía se basa en la acción dinámica y habilitadora del cuidado.Les proponemos ahora la lectura de uno de los mitos que aparece en el Libro de Fábulas de Higinio[2]Cierto día, Cura, que paseaba por la orilla de un río, tomó un poco de barro y le dio la forma del ser humano. Entonces apareció Júpiter que, a petición de Cura, le insufló espíritu. Cura quiso darle un nombre pero Júpiter se lo prohibió, pues quería imponerle el nombre él mismo. Y ambos empezaron a discutir. Después apareció la Tierra, la cual alegó que el barro era parte de su cuerpo y que, por lo tanto, ella tenía derecho a escoger un nombre. Y se entabló una discusión entre los tres que no parecía tener solución. Al fin, todos aceptaron llamar a Saturno, el viejo dios ancestral, señor del tiempo, para que fuera el árbitro. Saturno dio la siguiente sentencia, considerada justa:      A ti, Júpiter, que le diste el espíritu, se te devolverá el espíritu cuando esta criatura muera. A ti, Tierra, que le proporcionaste el cuerpo, se te devolverá el cuerpo cuando esta criatura muera. Y tú, Cura, que fuiste el primero en modelar a esta criatura, acompáñala siempre mientras viva. Y como no habéis llegado a ningún consenso acerca del nombre, yo decido que se llame homo, que viene de humus, y que significa tierra fértil.  2.2. Etimología de la palabra cuidado.  Concepto. “Si atendemos al origen semántico de la palabra terapeuta (therapeutés. Cuidador, del griego)[3] lo relacionamos con la posición del educador. Cuidar también forma parte de su función. Tanto más nos inclinamos en esa dirección en la Ilíada de Homero en donde el amigo de Aquiles llamado Patroclo, en la función de Therapón (escudero), dándose también en la figura del viejo Mentor (máscara de la Diosa Atenas) asumiendo la tutela y la educación de Telémaco el hijo de Ulises[4]” . “En relación al término educación podemos remitirnos al Estudio Comparado de la Educación en Francia, escrito por Compairé, prólogo del enciclopedista D`Alambert y publicado a mediados del siglo XIX[5]. Según este autor entre los romanos imperaba la creencia de que al concluir el amamantamiento la alimentación del niño quedaba a cargo de una diosa menor de nombre Educa, teniendo en cuenta que el amamantamiento se extendía hasta los tres años, con lo cual la posición de Educa quedaba ligada a la salida de la posición de bebé y “aflojamiento” de la relación madre- hijo”[6] Desde esta perspectiva semántica de las palabras cuidado y educación surge la necesidad de plantear la vigencia de estos conceptos en relación al fenómeno de  cuidar enseñando. Antes de realizar un análisis exhaustivo, es necesario realizarnos algunas preguntas: ¿qué relación tienen las acciones de educar y cuidar? ¿Son términos excluyentes?  ¿Son complementarios? Es en nuestra propia práctica educativa en donde encontramos algunas respuestas posibles para dichas interrogantes, donde el cuidado aparece bajo el formato de frases como: “¡Cuidado no saltes, te vas a golpear!”, “¡Tengan cuidado, no corran!” “¡Cuidado con pintar tan apurados!” Estos cuidados responden a la lógica de prevenir y preservar la integridad física de los alumnos. En la escuela hospitalaria o domiciliaria, está también presente el cuidado con la lógica de preservar los aspectos sanos del cuerpo enfermo. Repasemos entonces dos conceptos bien importantes:
Cuidado: solicitud o especial atención. Vigilancia por el bienestar de alguien o por el funcionamiento de una cosa. Esmero y atención por hacer algo bien.Cuidar: poner interés y esmero en la ejecución de algo. Asistir a alguien que lo necesita. Guardar. Proteger.[7]
En las escuelas ubicadas en villas de emergencia, zonas rurales o alejadas de las grandes capitales, el concepto de educar se impregna además de otro concepto, que es el de asistencialismo. Es posible que en la práctica docente prime este último sobre el primero en ciertos contextos desfavorables, lo cual pone en riesgo al cuidado, concibiéndolo como una pérdida de tiempo, o como algo ajeno a la educación, generando así la idea de que una dependencia es señal de debilidad. Planteado de esta manera pareciera que se enfrentaran u opusieran enseñanza y asistencia. “Enseñanza y asistencia no solo no se enfrentan sino que se requieren mutuamente. Se olvida fácilmente que asistir es responder, estar en algún lugar. El que asiste está presente, no es aislando la enseñanza de la asistencia como habremos de abrir un camino, el reclamo podría ser por el valor que termina por tener en la cultura el cuidado del otro a través de la enseñanza sistematizada de conocimientos”[8]  Entendemos por contexto al continente y al contenido, es decir, como aquel espacio donde transcurre la acción y se reconocen las múltiples representaciones sociales que la constituyen. El interjuego entre lo subjetivo y lo objetivo es parte integrante del entorno, donde lo geográfico, lo histórico, lo político, lo socioeconómico es constantemente atravesado por su actores, sus miradas y sus sentimientos. Para el pedagogo el contexto es entonces, no solo el alumno o los alumnos y el conocimiento a enseñar, sino la representación que él tiene del paciente - alumno,  reconociendo la situación que vive, el lugar de interacción, su tratamiento y las condiciones que impone su patología.  Es necesario retomar este concepto dado que la acción educativa va a estar determinada por el contexto en que se realiza, tomando en cuenta lo subjetivo y lo objetivo. En esta oportunidad implica pensar en niños con sus enfermedades crónicas y con sus reiteradas internaciones, que requieren asistencia especializada (kinesiología, fonoaudiología, cuidados de enfermería, asistencia psicológica), además de la médica específica de la patología. A esto se suma pensar la educación hospitalaria como una forma de cuidado, de asistencia, de sostén y de preservación de los aspectos sanos. La educación y el cuidado son por ende dos aspectos que confluyen en el sujeto que aprende y el sujeto enseñante, dentro de un mismo contexto, domiciliario u hospitalario.  Otra de las características de la pedagogía hospitalaria es el vínculo que se establece entre el paciente- alumno y el docente. Este vínculo surge a partir del encuentro entre estos dos protagonistas en un contexto diferente. El escenario que se construye es a partir de este vínculo y recrea el aula de la escuela común de un modo singular. Este escenario no cuenta como el aula de la escuela común, de numerosos bancos, pizarrón, escritorio, horarios de clase y recreo. Está recreado junto a la cama de internación, en una situación de limitación dada por la enfermedad, en donde el alumno está en pijamas, en posición de “paciente”, acostado, medicado, adecuado a la dinámica hospitalaria y acostumbrado a los controles de la enfermera y a las interrupciones frecuentes del personal de limpieza. Es en este marco que el docente debe resignificar el encuentro en donde se da el aprendizaje, el acercamiento al conocimiento y la apropiación del mismo, sostenida por los recursos didácticos y sus diferentes lenguajes puestos en juego.  Otra de las características que podemos enunciar es la flexibilidad en toda su dimensión como elemento clave dentro de la Pedagogía Hospitalaria. El docente hospitalario trabaja con y desde la flexibilidad en relación a su rol,  a su posicionamiento, la mirada que adopta, su propuesta, la utilización del tiempo, la dinámica que imprime a la propia tarea, y la valorización o refuerzo de las potencialidades del niño enfermo sobre el déficit que le causa la enfermedad. Alcanza también este concepto a la propuesta curricular que se desarrolla, ya que los contenidos, programas y proyectos son altamente flexibles.  Otra característica de esta educación es el abordaje personalizado del alumno,  acotado a las necesidades y posibilidades propias de cada niño atento a su edad, historia pedagógica, enfermedad, pronóstico, tratamiento, nivel socio-económico, familiar, cultural.  En síntesis, podemos decir que la Pedagogía Hospitalaria es una disciplina vital e inmediata, ya que toma al niño en su circunstancia actual, contingente, mediante una  permanente adecuación a su realidad, al mismo tiempo que completa la atención a la totalidad de la persona.Enunciaremos ahora otras características de esta pedagogía que oportunamente iremos desarrollando: o       El docente como parte de un equipo multidisciplinario e interdisciplinario, en el ámbito del hospital, como en el familiar (domicilio) y el escolar de origen.o       El posicionamiento y el vínculo docente- alumno. Es decir la educación del niño enfermo en el contexto hospitalario y domiciliario rescatando el concepto de resiliencia, autoestima, respeto de la circunstancia, potenciando los aspectos sanos.o       La orientación y derivación de las diferentes problemáticas del niño y de la familia (emocionales, sociales, administrativas, etc.) a los profesionales correspondientes.o       La elaboración de estrategias de enseñanza y adaptaciones curriculares tomando en cuenta el diagnóstico del alumno, el tratamiento y los efectos que produce el mismo, realizando un trabajo en red con todos los profesionales intervinientes y una evaluación pedagógica con los docentes que interactúan con él. Sintetizando, los cuidados demarcados por el contexto gestan un modo singular de aprender. Los aspectos a considerar en un niño enfermo están determinados por la urgencia y la demanda de intervención acorde a su patología, diagnóstico y pronóstico, sin dejar de considerar los aspectos sanos que puede y debe seguir desarrollando en un clima de participación,  interacción e integración socio afectiva a través de la educación.  3. Hacia un concepto de pedagogía hospitalaria: interfase salud- educación.  Les proponemos la lectura de los textos extraídos del libro “Humanizar la medicina es adecuarla al Hombre” del Dr. Francisco Leal Quevedo, de Editorial Panamericana, 1990. Los interrogantes que plantea el autor son del campo de la medicina pero van más allá del acto estrictamente médico. La respuesta a estos interrogantes permite la inclusión de la pedagogía, es decir de otros profesionales que brindan su propia mirada, generándose así una visión holística[9] del niño.DEFINIENDO "HUMANIZAR" “Pero ¿qué entendemos por "Humanizar"?¿Acaso simplemente tener un trato más cordial, afable, con el paciente? ¿Es sólo una cuestión de buenas maneras, de "etiqueta médica"? ¿Será acaso en esencia y en el fon­do, reducir la humanización de la medicina a un trato cortés?O, yendo un poco más allá, ¿Es acaso un acto de empatía con el paciente como ser que sufre? ¿Es sólo cuestión de buenos sentimien­tos, de filantropía ilustrada? ¿Se reduce a te­ner un buen corazón?¿Acaso asemejamos a los buenos vende­dores, al fin de cuentas estamos entregando y cobrando un servicio, que tienen como lema:"la acción primordial ha de ser satisfacer, de manera total e integral al cliente"? ¿Es ape­nas llevar a la medicina la calidad total?¿O será como dice el diccionario: "Hacer algo humano, familiar y afable"?, ¿y se reque­riría entonces un médico que "se solidariza­ra con sus semejantes, intentara compren­derlos y fuera afable y caritativo con ellos"?Evidentemente se trata de algo más.Si nuestra labor no tiene un sustrato más firme, estaríamos dejando la humanización al subjetivismo, al capricho más o menos benevolente de nuestro libre albedrío, al vai­vén de nuestras emociones.Humanizar la medicina ha de ser adecuarla al hombre.Pero esta definición implica entonces que definamos qué entendemos nosotros los mé­dicos por el hombre. De este concepto, que ha sido debatido por la filosofía durante los veinticinco siglos de su existencia, depende en definitiva, como de una piedra angular, la "humanización" de la medicina. ¿QUÉ ES EL HOMBRE?[10] Si aceptamos que debemos hacer una medicina a la medida del hombre, surge la pregunta: ¿a medida de qué está hecho el hombre?Lógicamente una respuesta extensa y adecuada a tan colosal pregunta, sobrepasa mis capacidades y el propósito de este libro. Es conveniente, sin embargo, intentar una pequeña aproximación descriptiva.Como preámbulo obligatorio, recorde­mos que la Medicina es siempre y apenas una hija de la cultura de su tiempo, marcha de forma relativamente sincrónica con las Cien­cias, con las Artes, con la Filosofía, en fin, con la Historia de cada era.Tendemos a considerar la historia de la medicina como "la iatromedicina", es decir, caemos en la concepción que ve la historia de la medicina como la simple sucesión de una serie de contribuciones realizadas por los médicos, generalmente de forma individual. "La historia de la medicina se halla ligada a los fenómenos sociales y económicos en la misma medida que a los problemas biológi­cos y constituye uno de los tenias centrales de la experiencia humana" (R.R. Shytock).Para acentuar más lo relativo del aporte médico, recordemos que los grandes progre­sos de la medicina no han sido obra de los médicos sino de individuos de otras discipli­nas, ej.: Pasteur, Flemming, Claude Bernard. Y en la actualidad, el futuro de la medicina se juega en los laboratorios de biología molecular.La historia de la medicina está ligada de forma indisoluble a la historia del hombre. A manera de ejemplo, se ha demostrado que en las épocas en las cuales el cuerpo fue me­nospreciado, por creencias religiosas, el pro­greso médico fue escaso y en aquellos perío­dos en que la mujer fue considerada como ser inferior, la Ginecología no realizó grandes avances. Y 1a Pediatría no apareció como especialidad sino hasta finales del siglo XVIII, cuando surgió un adecuado interés por el niño.Aún más, la salud pública ha dependido poco del acto médico individual; han logra­do más por la salud de los pueblos los cam­bios culturales, como vivienda, agua potable, manejo de excretas, hábitos de prevención, alimentación, que los esfuerzos médicos ais­lados,- ejemplo: cuando los tuberculostáticos hicieron su aparición en 1945; la enfermedad tuberculosa, que a principios de siglo afectaba sin distinción a ricos y pobres, mos­traba ya un franco descenso debido a cam­bios ambientales y culturales.La medicina en conjunto ha marchado al vaivén de los conceptos imperantes sobre el hombre en cada cultura a través del tiempo y la sen­da futura no cambiará de rumbo, seguirá siendo una creación cultural al servicio del hombre.Debemos entonces ir a beber a otras fuen­tes del pensamiento, más allá de la Medicina como ciencia hermética; para encontrarle sen­tido a nuestra tarea, debemos sintonizarnos con toda la cultura de nuestra época.Volvamos entonces a esta elemental aproxi­mación al hombre. Sin mayores ambiciones teóricas, partamos por ahora de una verdad in­controvertible: el hombre es una persona que posee un cuerpo y un psiquismo; en íntima e inseparable unión. Somos totalmente cuer­po y totalmente psiquismo. Esa unión indivisible es el objeto de nuestro conocimiento y a la vez blanco de nuestro quehacer.Acerquémonos a esta realidad humana que queremos definir. Comencemos por esta presencia tangible, tan cercana y palpable que se nos impone: el cuerpo. El ha sido el escenario primordial de nuestra ocupación médica a través de los siglos. EL CONCEPTO DE PERSONA Para resolver el conflicto de si somos cuerpo o tenemos cuerpo, ha surgido un concepto orientador, vector principal y polo de todo el pensamiento de Occidente: el con­cepto de persona. La persona tiene un cuer­po, pero no se es solamente un cuerpo. La persona es un ser en sí misma y distinta de los demás, con un ser suyo y propio. Cada persona crea un universo interior tan suyo, que difiere de los otros más que dos distan­tes constelaciones: La persona es un fin en sí misma, nunca un medio, por ello es autóno­ma. Además es única e irrepetible y no exis­te por ello medida para tasar su valor.La persona implica ensimismamiento, intimidad, interioridad.La persona es algo que hacemos desde el interior."La persona no es un objeto. Es precisa­mente aquello que en cada hombre no pue­de ser tratado como un objeto" (E. Mou­nier)."Yo trato al otro como un objeto cuando lo trato como un ausente, como un reperto­rio de informaciones para mi uso" (O. Marcel). El carácter de persona le da al hombre derecho a sus propias decisiones, dignas de respeto.   Y entre esas decisiones se incluye el ámbito de su salud personal. Y se plasma en actos libres, como la libre escogencia de su propio médico entre muchos posi­bles.Entonces humanizar la medicina ha de ser adecuarla al hombre como persona, como realidad individual, pero a la vez social, co­munitaria y cósmica. EXISTEN PRIORIDADES HUMANAS La medicina actual, se dice, enfrenta el reto de la efectividad y eficiencia para sobre­vivir. Para ello debe ayudarse de los análisis fríos pero inevitables, de costo- beneficio, bien individual vs. bien colectivo, distribu­ción prioritaria de los escasos recursos, etc.¿Hasta qué punto son humanas estas prioridades? ¿Hasta dónde es posible conci­liarlas sin lesionar al individuo?"Es una exigencia muy rigurosa que en medio de la frialdad el corazón permanezca despierto" (K. Jaspers). Es difícil pero inevita­ble colocar en un adecuado fiel de la balanza, los fríos cálculos de la eficiencia y oponerlos a la individualidad humana, sin embargo es indispensable ser capaces de considerar cada caso no como el número de la estadística sino como el ser único e irrepetible.CONCLUSION Si queremos avanzar sólidamente en la humanización de la medicina, debemos partir de un pilar fundamental: la medicina debe adecuarse al hombre, calidad que se aplica a médico y paciente, en toda su profunda dimensión de persona.”  3.1 La pedagogía en el Hospital: una actividad con historia Siguiendo esta mirada humanística e integral de la atención del paciente, es que se incluye al docente como parte del equipo de salud. Pero esta inclusión del docente, implementada a partir de la década del ’40 en adelante, no tuvo siempre las mismas implicancias ni tampoco se asignaron siempre las mismas tareas, tal como se realiza ahora en las escuelas hospitalarias. Es en este punto donde se re-significa el valor social que tiene la función del docente y el acto de enseñar, como punto de articulación entre tres instituciones: familia, escuela y hospital. Ahora bien, ¿cuál es la finalidad de la educación? ¿Cuál es la finalidad de la educación en un contexto no específico, y que aparentemente, ayuda muy poco al propósito de la educación ya que no constituye el ámbito específico para tal propósito? La acción educadora se ha definido como una práctica social productora y transformadora del sujeto social; apunta al desarrollo de la totalidad de la persona, a su realización plena. La intervención del docente favorecerá las potencialidades del paciente- alumno, al mismo tiempo que sostiene el deseo de aprender mas allá de la circunstancia que le toca vivir al alumno.  La educación es por excelencia una actividad humana que tradicionalmente ha estado asociada a las relaciones interpersonales. Desde los orígenes de la humanidad, la transmisión formal o informal de hábitos de vida, costumbres, valores y del acervo cultural ha contado con la participación de dos o más personas, protagonistas de los procesos educativos desde los roles de docentes (educadores, maestros, profesores) y aprendices (discentes, educandos, alumnos o discípulos). La educación sitúa en un papel preponderante al educador, como facilitador, guía y mediador de procesos educativos, que permitan a los pacientes- alumnos poner en juego los aspectos sanos, una mejor predisposición a las circunstancias de la enfermedad y del tratamiento.   No somos humanos sin los otros. No nos constituimos como sujetos sin la mediación del reconocimiento de los otros. Aún en el nivel de lo fantástico, de lo imaginario, los seres humanos luchamos por este reconocimiento, sin el cual no podemos vivir. De allí la importancia del vínculo y del diálogo como camino a la intersubjetividad, como posibilidad de entretejer lazos y aportar a la construcción de la propia identidad, del encuentro y de la vida en comunidad. Y a este concepto de humanización, proceso que se desarrolla durante toda la vida, podemos desarrollarlo desde diferentes perspectivas:  Humanización desde la perspectiva biológica: Þ    La humanización es el grado máximo que puede alcanzar un individuo. Þ    La familia permite hacer de un animal acosado por mandatos biológicos inapelables e irresolubles por sí, un bebe humano con vivencias de plenitud y vida, gracias a otro humano que resolvió su necesidad y permitió así la transformación. Esto funda la llamada naturaleza social del hombre.Þ    La familia introduce al niño en un proceso progresivo de humanización, habilitándolo a insertarse en la sociedad, en el barrio, en la biblioteca, en la escuela, el club, la iglesia, el hospital. Capacidades o competencias que definen lo humano Desde una perspectiva biológica, podemos pensar sus capacidades o competencias y desde allí implementar acciones y estrategias para su educación, pensada desde un sentido amplio, como “educación a la vida”. El ser humano sería:  Þ    inadaptado a la naturaleza.Þ    un ser “social”, por incompleto, por inmaduro, por incapaz de sobrevivir sin la ayuda de otros.Þ    un ser cultural, al adaptarse activamente a la naturaleza, y transformándola. La cultura no es solo adaptarse al medio, sino acción significativa.Þ    un ser concreto, que está indisolublemente ligado a la cultura del grupo social al que pertenece, y está atravesado por esa cultura y desde allí conoce y se conoce. Þ    esta relación con la cultura lo hace educable. Es el que tiene mayor capacidad de aprendizaje, por su necesidad de construirse una imagen de sí mismo. Þ    un ser que dispone de una multiplicidad de direcciones posibles para desplegar sus aprendizajes. Þ    capaz de representar al mundo en su ausencia (función semiótica).Þ    un ser cuya sexualidad adquiere significación desde la cultura y no desde la naturaleza.Þ    el único ser vivo que tiene identidad.Þ    poseedor de una historia, de la historia de su grupo y a través de ella se articula en la de la especie humana.Þ    un ser estructuralmente conflictivo. Este desarrollo está tomado de la Fundamentación del Diseño Curricular,  (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 1986) y nos permite reflexionar sobre la responsabilidad de la acción educativa sobre las nuevas generaciones. La UNESCO en el informe  “La educación para el siglo XXI”  establece cuatro pilares fundamentales: Aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos, a ser. Transcribimos un párrafo significativo de este informe:“La educación tiene una doble misión, enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a la toma de conciencia de la semejanza y la interdependencia entre todos los seres humanos (…) la escuela debe, pues, aprovechar todas las oportunidades que se presenten para esa doble enseñanza (…) el descubrimiento del otro pasa forzosamente por el conocimiento de uno mismo; por consiguiente, para desarrollar en el niño y el adolescente una visión cabal del mundo, la educación, tanto si la imparte la familia, la comunidad o la escuela, primero debe hacerle descubrir quién es. Sólo entonces podrá realmente ponerse en el lugar de los demás y comprender sus reacciones”. Veamos ahora con más detalle qué implica cada uno de los cuatro pilares. Aprender a conocer: La escuela deberá generar ofertas adecuadas a la realidad del paciente – alumno para que el conocimiento siga siendo el posibilitador de su desarrollo y de su inclusión activa en la cultura y la sociedad. Para ello debe tenerse en cuenta su edad, intereses, grados y ciclos aprobados, saberes previos, su historia pedagógica personal, la patología que padece el alumno, la etapa de la enfermedad en la que se encuentra, en qué consiste su tratamiento, sus efectos en el aprendizaje, cuáles son los conocimientos que posibilitan la adquisición de nuevos aprendizajes, etc. Aprender a hacer: La escuela deberá propiciar actividades acotadas a la nueva realidad del paciente- alumno en función de sus posibilidades. Es importante preguntarse por ejemplo si podrá sostener la jornada escolar completa, de qué actividades físicas podrá participar, si podrá integrarse a los juegos espontáneos en el recreo, a cuáles y cómo, etcétera. En este sentido y para poder asegurar la igualdad de oportunidades, que la escuela deberá brindar a todos los alumnos respuestas a sus necesidades educativas, garantizando una oferta de experiencias adecuada a cada uno de ellos. La escuela en y para la diversidad se basa en la valoración y aceptación de todos los alumnos y de la comunidad de la que forman parte. “La escuela es el lugar adecuado para el aprendizaje de la heterogeneidad y la diversidad social”. Duschatzky, Silvia.[11] Aprender a vivir juntos: En este punto resulta importante rescatar el valor de lo grupal. La inclusión del paciente- alumno que sufre una patología crónica con sus compañeros de la escuela de origen o el nuevo grupo de la escuela de destino es de suma importancia.  Pichón Rivière define el término tarea como el aprender a aprender o el aprender a pensar a través de una elaboración conjunta del objeto de conocimiento, y desde ese lugar, nos participa de la importancia del grupo como espacio privilegiado para el aprendizaje. El grupo se construye, en la interacción, en el respeto de las diferencias, en la cooperación frente a las actividades, en la valoración de la palabra del otro, en la solidaridad, observando y escuchando a los pares para saber no solo lo que aprenden sino cómo lo aprenden, incluyendo en ese proceso lo que piensan y lo que sienten. Es necesario además pensar cómo socializar la situación del paciente- alumno con sus pares, en función también de las limitaciones que surgen del propio tratamiento de la patología (uso de elementos ortopédicos, bigoteras para la oxígeno-terapia, barbijo, bastones, silla de ruedas, halos para extensión, etc.). Aprender a ser: En la escuela es posible pensar las actividades desde la construcción de la subjetividad, ya que estamos hablando de vínculos humanos, de una relación significativa entre alumno- docente, entre pares y otros. La alteridad nos permite reconocernos en el otro diferente, nos permite ser pensados por el otro, ser hablado por el otro, lo cual constituye una condición necesaria para una posible construcción de subjetividad.  La escuela, en la aceptación de las diferencias impuestas por cada tratamiento (asistencia a controles, adecuaciones en el tiempo en la institución, horarios de medicación durante la hora de clase, y otros), valora y sostiene la identidad del paciente- alumno. Partiendo de que el aprendizaje es una construcción en interacción con otros y que significa, humaniza, revela y reconoce la singularidad de cada persona, es que resulta imposible soslayarnos de la institución en la que se realiza este encuentro, que también instituye y funda una construcción particular de la subjetividad.Desde este planteo teórico podemos visualizar cómo la Pedagogía Hospitalaria genera modos de cuidar al paciente- alumno en situación de vulnerabilidad sosteniendo su deseo y su derecho de aprender.  Es en el entramado de la acción profesional, la familia, la institución escuela y el hospital que se construye este espacio responsable de sostener al sujeto teniendo en cuenta los factores de riesgo y los factores protectores.La actividades que despliega el pedagogo, ya sea en el hospital o en el domicilio, ponen en juego estrategias y posibilidades que develan el deseo de aprender, cualquiera sea la circunstancia en que se encuentre el paciente- alumno. Este no requiere de un espacio específico o el clásico dispositivo escolar, sino que en realidad las propuestas cobran importancia y significación por la intersubjetividad que se gesta en cada encuentro. Aprender supone reconocerse criatura- creadora- autora, posibilitando la autoría del pensamiento. La autoría del pensamiento posibilita ir forjando marcas de la autonomía, del deseo de saberlo todo y al mismo tiempo de conocer parcialidades, dejando abierta la puerta del deseo”. Fernández, A.[12]La autoría del pensamiento es condición para la autonomía de la persona y a su vez, esta autonomía favorece la autoría de pensar. El pensar se ancla en el deseo, permitiendo ver lo posible y lo imposible para después poder trabajar en la dirección de hacer probable lo posible. La construcción social del sujeto comporta entonces un doble movimiento, el de integración y el de autonomía que por supuesto, demarca un espacio conflictivo y contradictorio que aparece en todo proceso de socialización. En la hospitalización del niño enfermo, este proceso es de vital significación y aparece de manera recurrente en distintas circunstancias. El niño sufre como efecto de la hospitalización, un proceso de regresión y dependencia por el cual necesita del sostén de la función adulta. Hacemos en este caso referencia al rol del docente como figura familiar, desde las representaciones sociales que traen tanto el niño como la familia, ya que el docente aparece como un mediador entre los otros profesionales y las necesidades del alumno y su familia. La singularidad de la escuela, representada por la función del docente, es una especie de matriz que le da forma y contenido al encuentro educativo, al mismo tiempo que lo contiene. La subjetividad del paciente- alumno se conforma bajo el signo de la unidad y la totalidad sostenida con modelos culturales propios, y en interacción con aquello nuevo que le demanda la situación de enfermedad en un contexto específico, ya que cada individuo forma parte de campos sociales distintos. La socialización es el nombre que designa el proceso de constitución del individuo, en tanto sujeto o miembro de una determinada sociedad.Emilio Tenti Fanfani,  en el texto La escuela constructora de subjetividad afirma: “La escuela es la institución encargada por el Estado moderno para socializar en un doble sentido:a) general, como decía Durkheim, con el que forma en el individuo determinados estados mentales u orientaciones de valor constitutivas de su carácter de miembro de la sociedad;b) especial, con el que brinda orientaciones, disposiciones, actitudes, aptitudes necesarias para desarrollar las funciones particulares que le corresponderán en la división social del trabajo.”  Esta socialización especial es una de las tareas más sutiles que realiza el docente hospitalario y domiciliario. “El individuo es una persona, un ser singular, y al mismo tiempo un rol o un agente que actúa en un espacio social estructurado, es decir, dotado de un sentido, de una lógica, de una jerarquía.”[13]  Este individuo es en el hospital el paciente- alumno, y en el ámbito del domicilio es el alumno ambulante o domiciliario. Desde esta perspectiva, abundan las experiencias en el contexto de la escuela hospitalaria y domiciliaria que dan cuenta de marcas o huellas de la interacción educativa.  Plantearemos ahora el caso de Agustina de 10 años, con diagnóstico de HIV y progenitores fallecidos a causa de la misma patología. Su tenencia está a cargo del Juzgado de Menores, y era acompañada por un policía durante su internación, la cual se prolongó por las complicaciones propias del tratamiento y de su situación social. Así fue como la internación se hizo más extensa de lo habitual, llegando a casi dos años de permanencia en el hospital.  La propuesta educativa que se desarrolló permitió despertar en ella el deseo de aprender, el deseo a realizar las tareas escolares, a aprender nuevos conocimientos como la música, el canto, las ganas intervenir como anfitriona en los actos y concursos escolares, a tomar protagonismo frente a su propia enfermedad, tomando una actitud activa en la administración de la medicación diaria, y a interrogarse sobre las características de la enfermedad, su etiología, para así poder proyectar una integración familiar futura ya fuera de la internación.  El abordaje del maestro en este tipo de circunstancias no se remite entonces a una educación sistematizada, sino que éste transmite modelos, valores, un modo de estar en el mundo, y se convierte en un sostén afectivo permanente, aportando así nuevas significaciones a los contenidos impartidos. De este modo, el paciente- alumno  aprende a ser, a hacer, a conocer y a compartir con quienes lo rodean. Otro caso es el de José de 11 años, con una familia numerosa (nueve hermanos, madre diabética, padre alcohólico, changarín), y una villa de emergencia situada en Capital como lugar de residencia. Poseía un diagnóstico de síndrome urémico hemolítico, que derivó en una enfermedad renal crónica, necesitando de diálisis y posteriormente, un transplante de riñón.  Frente a la intervención inicial del docente, se mostraba reticente y desinteresado. Sus experiencias escolares eran frustrantes, venía de reiteradas repeticiones de grado, lo cual dejó como impronta una gran resistencia a las propuestas educativas. El juego, la computadora, la música, se convirtieron en los recursos didácticos a partir de los cuales comenzó a construir una red significativa con los docentes que se vinculaban con él. La utilización de dichos instrumentos provocó en Juan, luego de un lapso considerable de tiempo, un cambio positivo. Ahora espera la presencia de los docentes y sus propuestas, convirtiendo al tiempo escolar como un espacio deseado y necesitado. La pedagogía actual, basada en el marco teórico constructivista, aconseja reconocer y partir del conocimiento de los niños y adolescentes para generar futuros aprendizajes. Estos saberes previos son en gran medida, una mezcla de biografía personal con otras formas simbólicas aportadas por la cultura: la que trae y la que se le ofrece.  En el contexto de enseñanza del hospital, que plantea otras formas de relación, restricciones, funcionamientos específicos y situaciones inéditas que el paciente- alumno no logra comprender en su totalidad, éste puede aprender a expresar sus propias ideas, a escuchar, a actuar en grupo, a respetar las reglas de la vida en común, y a comprender el nuevo ámbito que lo rodea, desde la interacción con sus pares, adultos y docentes.  Es así que José, una vez transplantado y habiendo logrado una mejor calidad de vida, es autorizado por el grupo de profesionales a volver a su lugar de procedencia, integrándose a la escuela de origen y revalorizándola de otra manera. Cada vez que concurría a los controles con el especialista, ya en forma ambulatoria, concurría también a la escuela hospitalaria, y allí relataba sus sentimientos de pertenencia a la escuela de origen y destino. Había logrado su inclusión en la misma, la aceptación del grupo de compañeros con las modificaciones en su esquema corporal, sus ausencias y sus limitaciones en el juego provocados por el tratamiento. El lenguaje, la música, los dibujos y diagramas, los números, las nuevas tecnologías de comunicación, las computadoras, son producciones culturales que nos permiten comprender nuestro entorno y operar sobre él. Podríamos definir así la escuela hospitalaria como la institución que hace uso de sus recursos para que el paciente- alumno se apropie de los instrumentos significativos pertinentes a su desempeño activo en la vida. La escuela nos proporciona estos instrumentos dentro de narraciones organizadas que llamamos "áreas de conocimientos disciplinares".Las palabras, los números, las operaciones, los mapas, los dibujos, las computadoras, la música, no poseen un significado propio. El significado es otorgado arbitrariamente, construido mediante un intérprete y de acuerdo a ciertos principios. El paciente-alumno no sólo construye, comparte y negocia sentidos de y para las palabras, los números, los dibujos, las computadoras, la música, sino que construye sentidos con todos esos recursos. El paciente- alumno habla y escribe significativamente, dibuja e interpreta dibujos de manera significativa, emplea las computadoras, escucha música que le parece significativa y entiende las expresiones como vehículos de significado de acuerdo a principios que le dan sentido a él y a los otros. De esta manera, cuenta con un abanico de posibilidades  que le permiten valorar o revalorizar su propio contexto cultural. En la escuela y en la sociedad empleamos estos instrumentos para compartir significados socio-culturalmente reconocibles y para llevar a cabo acciones o actividades con significado. En la escuela empleamos estos recursos para comunicarnos, para bromear, interrogar, deducir, aclarar o inferir la información de los contenidos revisados por parte del paciente- alumno o para evaluar sus logros. En este sentido, el currículum puede ser concebido como un discurso que organiza tanto a los actuantes (docentes, alumnos) como a las actividades que desarrollan éstos. Cuando el paciente-alumno aprende, se apropia de palabras, conceptos, dibuja, conoce los números, interactúa con computadoras, investiga sobre la naturaleza; o cuando se le hace comprensible la historia, la biología, la geografía, se le está haciendo comprensible, al mismo tiempo, un discurso sobre su entorno, sobre los demás y sobre sí mismo (sin duda es importante aquí la sugerencia de Ricoeur, para quien los relatos son "modelos para volver a describir el mundo"). Sin la apropiación de este discurso, el mundo entero le sería algo ajeno e incomprensible.A partir del desarrollo de diferentes contenidos desde la perspectiva de la salud y el enfoque educativo, compartiendo ambos un mismo objeto-sujeto de estudio: el niño enfermo hospitalizado; es válido legitimar la inclusión de la Escuela en el ámbito del Hospital como una posibilidad de atender integralmente a este sujeto,   atento a todos los aspectos de su persona. 

Bibliografía
  • GONZÁLEZ- SIMANCAS, J. L. y POLAINO, A., La pedagogía hospitalaria en la actualidad. Actividad educativa en ambientes clínicos, Madrid, Narcea, 1991.
  • Quevedo, Leal Francisco, “Hacia una pediatría mas Humana”, Editorial Panamericana,1996.
  • GONZÁLEZ- SIMANCAS, J. L., Educación: libertad y compromiso, Pamplona, Eunsa, 1992.
  • POLAINO LORENTE, Ángel. La atención educativa a los niños hospitalizados. Conferencia inaugural V Jornadas Pedagogía Hospitalaria, Oviedo, 1993.
  • POLAINO, A., ABAD, M.; MARTÍNEZ CANO, P. y del POZO , A., ¿Qué puede hace el médico por la familia del enfermo?, Madrid, Rialp, 2000.
§         POLAINO-LORENTE, A. y del POZO ARAMENTÍA, A. “Programas de intervención y modificación del autoconcepto en niños hospitalizados”, en Revista de Psicología General y Aplicada, 1994.§         DABAS, ELINA. Red de redes. Piados,  cuestiones de educación.§         DABAS, ELINA. Redes sociales, familiares y escuela. Piados,  cuestiones de educación. Buenos Aires 1998§         NUÑEZ, VIOLETA. La pedagogía social y el trabajo educativo con las jóvenes generaciones. Novedades Educativas. Ensayos y experiencias. Buenos Aires, 2004§         MATURANA, HUMBERTO Y FRANCISCO VARELA. De máquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo. Santiago, Universitaria, 1994



[1] Doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid (1981).. Catedrático de Psicología Social de la Universidad de Granada (13/04/1991).
 

[2] (?, c. 64 a.J.C.-?, 17 d.J.C.) Escritor latino. De origen hispánico, llegó a Roma como esclavo y tomó clases con el gramático Cornelio Alejandro. Augusto le emancipó y fue nombrado bibliotecario. Destacan su Comentario sobre Virgilio, el Libro de fábulas y, asimismo, sus biografías. 

[3] Enciclopedia Salvat, Barcelona, Salvat Editora, 1972

[4] La Odisea, Mario Manacorda 1989

[5] Incunable editado en París, consultado en la biblioteca particular de Contardo Caligaris

[6] Alfredo Jerusalinsky, La educación es terapéutica”, Escritos de la infanciaV. Publicaciones de Fepi, Agosto 1995

[7] Diccionario de la Real Academia Española de Letras

[8] Estanislao Antelo “El papel de los educadores ante viejos y nuevos contextos” La falsa antinomia entre enseñanza y asistencia.

[9] La voz griega holos se expresa en castellano como prefijo, hol u holo, y significa entero, completo, "todo"; indica también íntegro y organizado. Holos  significa totalidad, relaciones, contexto o cualquier evento, aspecto, circunstancia, cualidad o cosa que en su momento esté siendo estudiado o tomado en cuenta, como "uno", como complejidad o como totalidad.

[10] Quevedo,L.F. Humanizar la medicina es adecuarla al Hombre. Ed. Panamericana. 1996

[11] Duschatzky, S. “De la diversidad en la escuela a la escuela de la diversidad”

[12] Fernández, A. “Poner en juego el saber”. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 2000

[13] “La escuela como constructora de subjetividad”. Emilio Tenti Fanfani

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